3. ¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos
de muerte, asesinato o ataque? 2¿De qué puede sentirse
rodeada sino de seguridad, amor y dicha? 3¿Qué podría
haber que ella quisiese condenar? a¿Y contra qué querría
juzgar? 4El mundo que ve emana de una mente que está en paz
consigo misma. 5No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es
bondadosa, y lo único que ve es bondad.
4. El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado
y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado.
2Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo
del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido.
3El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe,
el tiempo deja de tener objeto.
5. El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez
que éste ha servido el propósito que Él le había
asignado. 2Ahora espera un sólo instante más para que
Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose
consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para
que sea tal como es. 3Ese instante es nuestro objetivo, pues en él
yace el recuerdo de Dios. 4Y al contemplar un mundo perdonado, Él
es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos
nuestra Identidad, la cual nos ha sido restituida mediante nuestro
perdón.