3. Un pensamiento que no perdona hace muchas cosas. 2Persigue su
objetivo frenéticamente, retorciendo y volcando todo aquello
que cree que se interpone en su camino. 3Su propósito es distorsionar,
lo cual es también el medio por el que procura alcanzar ese
propósito. 4Se dedica con furia a arrasar la realidad, sin
ningún miramiento por nada que parezca contradecir su punto
de vista.
4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace
nada. 2No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla
para que adquiera apariencias que a él le gusten. 3Simplemente
observa, espera y no juzga. 4El que no perdona se ve obligado a juzgar,
pues tiene que justificar el no haber perdonado. 5Pero aquel que ha
de perdonarse a sí mismo debe aprender a darle la bienvenida
a la verdad exactamente como ésta es.
5. No hagas nada, pues, y deja que el perdón te muestre lo
que debes hacer a través de Aquel que es tu Guía, tu
Salvador y Protector, Quien, lleno de esperanza, está seguro
de que finalmente triunfarás. 2Él ya te ha perdonado,
pues ésa es la función que Dios le encomendó.
3Ahora tú debes compartir Su función y perdonar a aquel
que Él ha salvado, cuya inocencia Él ve y a quien honra
como el Hijo de Dios.