3. El perdón es la morada de los milagros. 2Los ojos de Cristo
se los ofrecen a todos los que Él contempla con misericordia
y con amor. 3La percepción queda corregida ante Su vista, y
aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir.
4Cada azucena de perdón le ofrece al mundo el silencioso milagro
del amor. 5Y cada una de ellas se deposita ante la Palabra de Dios,
en el altar universal al Creador y a la creación, a la luz
de la perfecta pureza y de la dicha infinita.
4. Al principio el milagro se acepta mediante la fe, porque pedirlo
implica que la mente está ahora lista para concebir aquello
que no puede ver ni entender. 2No obstante, la fe convocará
a sus testigos para demostrar que aquello en lo que se basa realmente
existe. 3Y así, el milagro justificará tu fe en él,
y probará que esa fe descan¬saba sobre un mundo más
real que el que antes veías: un mundo que ha sido redimido
de lo que tú pensabas que se encontraba allí.
5. Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del
Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas
hambrientas y sedientas vienen a morir. 2Ahora tienen agua. 3Ahora
el mundo está lleno de verdor. 4Y brotan por doquier señales
de vida para demostrar que lo que nace jamás puede morir, pues
lo que tiene vida es inmortal.