Solonia es para mi un reencuentro con la vida, pues sólo se vive cuando experienciamos el amor, la paz, el perdón, es decir, la verdad y cuando recordamos esa eterna "canción olvidada" de la cual formamos parte y somos.
Una inimaginable experiencia de sentir quien soy yo. Construí, aprendí a construir mi único hogar, el templo, con el silencio, en el silencio. No valorar, no pensar, perdonar. YA!. De instante en instante con la ayuda del Espíritu Santo a través de cada uno de mis hermanos, toda la gente, los animales, las cosas. Todo. Yo. Gracias Padre.
La experiencia en Solonia es mas allá de las palabras y definiciones. En Solonia he vivenciado una paz, amor y alegría en una totalidad maravillosa con las herramientas de perdonar, no pensar y no valorar estoy viviendo en la eternidad del presente. ¡Gracias!
Un día decidí cambiar mi vida y buscar mi verdad y me encontré con algo maravilloso, amor puro amor y entonces mi Espíritu Santo me dijo: "Aprende a Ser" y volando cómo el viento llegué a un paraíso llamado SOLONIA en donde pude experimentar la verdad de lo que soy. En unión de Carlos y Margot.
Solonia es el lugar donde el Espíritu Santo me habló y yo aprendí por primera vez a escucharle con el corazón. Aquí aprendí a ver, con los ojos que no son del cuerpo, la luz de Dios que se manifiesta en todos.
Al llegar tenía mucho temor de convivir con un grupo de personas que no conocía, pero es ese compartir lo que me permitió reconocer mis odios, resentimientos, inseguridades y culpas que venía arrastrando por 33 años; y verlos frente a mi me permitió trabajarlos y perdonar a otros y a mi por aquello que no pasó. El amor es la verdadera fuente de nuestro Ser.
Descubrí en el mundo un sitio por pura "casualidad", una casualidad que cambió mi vida y mi forma de ver el mundo y el protagonista de mi cambio sin jamás haberlo pensado fue Dios.